Las Bailarinas de Degas | La oscura historia detrás de los cuadros
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Es una imagen dulce: una niña, una joven, una muchacha que baila, alzando un pie sobre su cadera, en medio de una pirueta, una voltereta, quizá, o algún salto. Es la imagen que se suele ver en Las Bailarinas, una serie de pinturas del francés Edgar Degas, pero que, detrás del óleo y del tiempo, esconde un secreto, uno que ha circulado por todos los museos del mundo. ¿Quieres saber qué historia oscura esconden Las Bailarinas de Degas? Entonces no despegues tu vista del artículo que hoy te traemos en Supercurioso.

 La oscura historia tras las bailarinas de Degas

Las Bailarinas de Degas son una serie de cuadros que, como su título lo indica, representan a bailarinas francesas de finales del siglo XIX. Fue, en algunos momentos, una de las obsesiones de Degas, un artista que ha pasado a la historia del arte como un gran huraño, además de un gran pintor. 

Degas, según se cuenta, asistía a las salas de ensayo para pintar a estas jóvenes, y pintó muchas, sin nunca llegar a tocarlas, olerlas o sentirlas realmente, porque en el fondo Degas era un misógino, además de antisemita, y, sobre todo, asocial. Pero eso no le tacha de haber sido un genio del arte, en la que se desarrollo entre la pintura y la escultura, y sobresalió, sin duda, por sus bailarinas. Pero primero lo primero: ¿Quién fue Edgar Degas?

1. ¿Quién fue Edgar Degas?

Hilaire-Germain-Edgar de Gas, mejor conocido como Degas, fue un pintor, escultor y fotógrafo francés. Nació en París, por allá en el 1834, y desde joven se dedicó al arte con esmero, destacando en las tres ramas que desarrolló, pero también por su mal carácter. Se hizo, sin duda, famoso por las conocidas Bailarinas de Degas, una serie de imágenes sobre bailarinas de ballet que encantan por su finura, pero que esconden, en el fondo, un gran secreto.

No solo por huraño fue condenado Degas, sino que como le había pasado a Beethoven antes, con el oído, fue Degas, con los años, perdiendo la visión, herramienta fundamental de su arte. Ejerció, sin embargo, hasta que pudo, sin ganar un centavo pues, desde su sistema de creencias, comerciar con el arte era casi una blasfemia. Por ello mismo no fueron demasiadas sus exposiciones hasta después de su muerte.

La de Degas es una historia triste y dura, realmente. Murió ciego y pobre, deambulando por las calles de París, en las que había pasado sus últimos años. Dejó, no obstante, las famosas Bailarinas de Degas, además de la leyenda de su mal carácter: nunca contó con muchos amigos y, además, se ufanaba de ello, pues pensaba que la labor del artista era vivir en soledad.

2. Lo que esconde el Óleo

Detrás de sus obras más famosas, Las Bailarinas, Edgar Degas escondió algo, ya fuera a sabiendas o sin saberlo. Detrás de la práctica del ballet en la Francia de finales del siglo XIX se escondía una práctica deshonrosa, y es que esta industria (como ha pasado, por cierto, en casi cualquier industria del espectáculo) tenía un tras bastidores bastante secreto. 

Las Bailarinas de Degas, las que Degas retrataba, o al menos las de aquella época, se encontraban usualmente sometidas a una práctica inescrupulosa: la de ofrecer favores sexuales para crecer en los escenarios, o simplemente para subsistir. Y es que, aunque estilizado y de alta sociedad, la verdad es que el ballet no era muy popular entonces, pero sí contaba con mujeres hermosas y, como se sabe, donde estas abundan también abundan los mirones, y entre estos últimos los hay que tengan la cartera gorda, y basta que lo uno se junte con lo otro, como el hambre con la comida, para que se arme un guateque.

¿Quiere esto decir que todas la bailarinas fueran prostitutas? No, pero fue harto conocido en la época que, para subsistir, muchas recurrieron a estas prácticas frente a hombres con dinero o poder. Una cosa que, por cierto, no se aleja demasiado de lo que ocurre en la actualidad.

Para muestra, solo hace falta echarle un ojo a lo que ha ocurrido los últimos años con el movimiento Me Too (Yo también o A mí también), que en todo el mundo a desempolvado una serie de escándalos sobre abusos de poder en distintas industrias, sobre todo las del espectáculo y la otra gran industria: la política (que, también, de cierta manera, es un espectáculo).

En el fondo, después de todo, detrás de Las Bailarinas de Degas no se esconde nada que sea nuevo, o ajeno a nosotros mismos, pero es duro disfrutar de aquellos rostros angelicales, esas miradas dulces y aquellas pieles tersas si pensamos, a la par, en el lado oscuro que guardan aquellos oleos de Edgar Degas. Habrá que cambiar el mundo para que mañana alguien  lea la historia de Las Bailarinas de Degas, cuando menos, con sorpresa. 

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