El acoso escolar es un problema que ha alcanzado cierta notoriedad en los últimos años, por más que sea un mal de vieja data. Historias lamentables sobre niños que decidieron acabar con sus vidas, para dar fin al rechazo y a los maltratos recibidos en centros estudiantiles, se han dado a conocer alrededor del mundo sin que el impacto se traduzca en políticas realmente efectivas contra el bullying, excepto en Finlandia. En este país han configurado un exitoso programa contra el bullying (KiVa), que se ha convertido en lo que podría ser el punto de partida para finalmente convertir a las instituciones educativas en lugares más seguros y propicios para la educación integral.

El efectivo método finlandés CONTRA el Bullying que podría cambiarlo todo

En principio, no se puede erradicar ni prevenir el acoso escolar sin antes ser reconocido por el Estado como un problema real, que causa estragos físicos y emocionales en la mayoría de las comunidades estudiantiles. Precisamente fue esta la acción de Finlandia, un país con alta consciencia de la importancia de la educación y el bienestar de sus ciudadanos para el desarrollo en todos los ámbitos de la sociedad, y que en los últimos años ha concentrado sus esfuerzos en poner punto y final al bullying con el esperanzador método KiVa.

El efectivo método finlandés CONTRA el Bullying que podría cambiarlo todo

KiVa (Kiusaamista Vastaan), contra el acoso escolar en español, es una política que actualmente se aplica en el 90% de las escuelas de Educación Básica en el país nórdico. Desde su ejecución, los resultados han sido impresionantes. Se inició a modo de prueba en algunas escuelas, en 2008, y al cabo de un año el acoso escolar se redujo un 60%. En 2009, además, el método KiVa recibió el Premio Europeo de Prevención del Crimen, sumado a otros reconocimientos.

Lo más interesante de este método, desarrollado por psicólogos y otros especialistas, es que en esa brecha de tiempo, los estudiantes aseguraban sentirse más cómodos, con menos ansiedad y depresión, mucho más motivados a asistir a la escuela y a estudiar, de modo que sus calificaciones también se vieron beneficiadas.

Estudios recientes reflejan que con el KiVa, el acoso estudiantil disminuyó un 98% en el país nórdico, pero ¿cómo lo lograron? El método es sencillo, pero poderoso:

  • A los 7, 10 y 14 años de edad, los estudiantes asisten a cursos de unas 20 clases en las que se les habla sobre el bullying, el respeto, la seguridad, el compañerismo, la comunión y la empatía.
  • Reciben diez temarios que deben estudiar a lo largo del curso. El material es reforzado con charlas, actividades especiales -mayormente didácticas-, como juegos computarizados, para que el aprendizaje sea recibido con efectividad.
  • Los padres también reciben instrucciones para continuar con esta formación en casa.
  • Los estudiantes manejan un buzón de denuncias virtual con el que pueden informar si son víctimas de bullying o si conocen sobre algún otro caso.
  • En cada colegio existe un comisionado especial dedicado a investigar los casos de bullying. Los miembros están preparados y calificados de acuerdo al método KiVa.
  • Una vez identificadas las víctimas y los acosadores, proceden a tratar los casos de acuerdo a su complejidad y según la preparación KiVa que han recibido. El propósito es sensibilizar a los involucrados mediante acciones oportunas, además de dar seguimiento para asegurar que el procedimiento ha sido eficaz.
  • A las víctimas se les brinda el apoyo necesario para superar el trauma e incrementar su autoestima.

Lo que ha hecho tan efectivo a KiVa, además de lo descrito en los puntos anteriores, ha sido dar con la raíz del problema. Los acosadores maltratan a sus víctimas para conseguir el reconocimiento de parte de compañeros de clases, por lo que preparar a los espectadores, hacerles entender que reírse o respaldar este tipo de comportamiento los convierte indirectamente en responsables, es fundamental para la lucha contra el bullying.

Si ellos condenan estas actuaciones, el nivel de recompensa del acosador no será el mismo, así que progresivamente dejará de intimidar a sus víctimas, al no sentirse apoyado por el resto de los chicos. Esto ha sido lo que ha ocurrido en los colegios finlandeses, una cooperación y concienciación colectiva que, de aplicarse a nivel global, podría cambiarlo todo. Se formarían niños más seguros, felices y empáticos… y con el tiempo, estos valores se trasladarían a la adultez.

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Imagen: Thomas Ricker

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