Si te gustan los personajes extraños, fantásticos, sobrenaturales, entonces te encantará esta bruja eslava, que sobrevuela desde hace siglos los fríos cielos rusos.

Baba Yagá, la bruja de los bosques rusos

Brujas, buenas y malas, pueblan el folclore y la imaginación cultural de todos los pueblos del mundo. Los conocimientos botánicos, fuente poderosa de sabiduría y curación, han sido siempre importantes y han dado a quien los posee el rango de chamán, de brujo o de doctor.

Baba Yagá es la encargada de transmitir estos conocimientos a las mujeres, y por ello se la asocia a la brujería, pero también ha representado a través de los siglos esa figura aterradora que regula el comportamiento infantil, una suerte de coco que vendrá a comerse a los niños si éstos no se portan bien, sobre todo en Bulgaria.

La mitología rusa abunda en referencias a esta bruja, y su apariencia no puede ser más explícita: vieja, huesuda, arrugada, con una gran nariz azul y dientes de acero que, según el relato, también pueden ser de piedra, igual que sus pechos. Su cabello es gris y reseco y siempre parece flotar sobre su feo rostro.

Baba Yagá, la bruja de los bosques rusos

Tiene una pierna de hueso y la otra normal, y por ello la llaman Baba Yagá Pata de Hueso; esta cualidad en sus piernas representa el mundo de los vivos y el de los muertos, por los que deambula con absoluta normalidad, lo que también presupone una obligación de proteger esta frontera mortal y espiritual.

A pesar de poseer una gran crueldad y de alimentarse de carne humana, generalmente niños, no es totalmente malvada. En los antiguos textos rusos, Baba Yagá aparece como una diosa primitiva, mucho antes de que las siguientes deidades surgieran. En cuanto a que no es totalmente mala, en otros relatos la buscan por su gran sabiduría y porque es protectora de las “aguas de la vida y de la muerte” mediante las cuales los heridos vuelven a la vida.

Habita una choza levantada sobre dos enormes patas de gallina, y con ellas se mueve por todo el país, y esta idea quizá provenga del modo en que algunos pueblos bálticos construían sus casas para protegerse de las fieras. Esta casa de madera, llamada izbushka, se esconde en las profundidades boscosas del este de Rusia.

Baba Yagá, la bruja de los bosques rusos

La entrada siempre está oculta y no se abrirá a menos que la bruja pronuncie un conjuro: “casita, casita, da la espalda al bosque y voltea hacia mí”, y el interior está continuamente lleno de carne y vino. La descripción varía según la leyenda, en unas un hechizo la protege y hace variar el tamaño, y por eso en ocasiones la casita es más pequeña que un ataúd; pero en otras es muy grande y la describen con una cerca hecha de huesos, el marco de la puerta elaborado con huesos de piernas y la cerradura es una boca con afilados dientes.

Baba Yagá, la bruja de los bosques rusos

En el interior de su izbushka, Baba Yagá hace sus pociones mágicas y sus objetos especiales, como el guslis, un instrumento de cuerdas que se toca solo, o el garrote, cuyo golpe convierte en piedra todo lo que toca.

Cuenta con unos sirvientes invisibles que fungen como guardaespaldas, y los ciclos de la naturaleza dependen de ella, que guía mediante tres jinetes controladores del tiempo (día, atardecer y noche) de tres colores, blanco, rojo y negro. Usualmente se la representa volando encima de un caldero y remando con una escoba, en su misión de vigilancia.

Baba Yagá, la bruja de los bosques rusos

Como otros seres primordiales, se cree que formaba parte de la Diosa Tripartita (virgen, madre y bruja), cuya “tridimensionalidad” correspondería a las tres edades de la mujer.

En otras versiones se relata que cada vez que le hacen una pregunta envejece un año, y para rejuvenecer bebe un té muy especial hecho con rarísimas rosas azules; si alguien se las consigue, Baba Yagá sabe recompensarlo muy bien.

Hay quienes cuentan que vive con su hija Marinka y que además es la abuela del diablo; de acuerdo a ciertas leyendas tuvo 41 hijos.

Baba Yagá, la bruja de los bosques rusos

En los distintos mitos se habla de su gusto por capturar a los héroes para comérselos, pero siempre éstos la engañan y a quien termina comiéndose es a sus hijas. En este sentido, esta bruja eslava nos recuerda a la de Hansel y Gretel, y no por nada el folclore se encarga de representarnos esas figuras arquetípicas, comunes a la cultura humana.

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Imágenes: Wikipedia, Kaspar Manz, Daniel Voyager, Thomas, Carlito Juanito

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