La primera mujer que exploró el Tíbet
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Oriunda de Saint Mandé (Francia) es la exploradora de exploradoras, escritora, cantante de ópera, orientalista, anarquista convencida, budista en espíritu y escritora franco-belga. Y, además de todo esto, era mujer en el siglo XIX que ya era un mérito en sí mismo. Alexandra David-Néel fue la primera antropóloga en estudiar el Tíbet y el budismo y, sin embargo, su historia ha quedado desdibujada hasta tal punto que es una desconocida para la mayor parte de la sociedad. Nos adentramos en las entrañas de una vida en la que hubo búsqueda, descubrimiento y, sobre todo, mucha aventura. Acompáñanos a conocer a la primera mujer que exploró el Tíbet.

La primera mujer que exploró el Tíbet y se enamoró de él.

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Parisina de nacimiento (Saint Mandé es un municipio de la llamada “pequeña corona” aunque no está integrado políticamente en París), pero emigrada a Bruselas al cumplir los seis años, la pequeña Alexandra creció rodeada de estímulos opuestos; por una parte, su religiosa madre quería para ella una educación ortodoxa y por otra, tuvo un acceso privilegiado a la ideología anarquista y al pensamiento feminista gracias a la revista Pour la vie. Tras casarse y mantener una vida matrimonial fatua en la que Alexandra descubrió por primera vez el Tíbet, se trasladó definitivamente a ese país en 1911 y se llevó con ella los documentos del divorcio de Philippe Neel, su esposo. Esta relación, aunque terminada sobre el papel, nunca acabaría del todo y seguirían enviándose una profusa correspondencia a lo largo de toda su vida.

La primera mujer que exploró el Tíbet

Fue en este segundo viaje al Tíbet, en 1911, cuando tuvo  la oportunidad única de conocer en profundidad a los lamas budistas, lo cual la llevó a escribir más de 30 libros a lo largo de todos sus años en Lhasa. Durante todo este tiempo desarrolló grandes conocimientos y, según dicen, fue capaz de crear un tulpa tibetano (un fantasma que genera nuestra mente) con excelentes resultados. De hecho, demasiado excelentes ya que llegó un momento en el que la creación de su mente empezó a actuar por su cuenta. Alexandra había creado un fantasma de apariencia corpórea al que todos podían ver. Ella proyectó la figura de un monje rechoncho y bonachón que actuaba como un robot, pero con el paso del tiempo empezó a mudar su figura y su semblante y a convertirse en un ser terrorífico. La mujer tardó 6 meses en revertir el proceso. Todo quedó recogido en su libro Magic and Mistey in Tibet.

La primera mujer que exploró el Tíbet

Después de la muerte de su ex-marido y su mejor amigo, Alexandra decidió ir más allá en su aprendizaje. Aprendió todo lo posible acerca del tantrismo budista en una cueva situada a cuatro mil metros de altitud. Y es que si tuviéramos que elegir un epitafio de esta gran luchadora, este sería el que ella misma manifestó en su célebre cita: “Para aquél que sabe mirar y sentir, cada minuto de esta vida libre y vagabunda es una auténtica gloria”.

Si te ha interesado la vida de la primera mujer que exploró el Tíbet y te apasionan las biografías de grandes mujeres de la historia, atiende a la de Roxelana, la esclava que enamoró a un sultán.

Imágenes: revistanada , mujeresenlahistoria , bermon .

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