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Su nombre es Rajú, un precioso elefante indio que ha conocido en piel propia lo mejor y lo peor del ser humano. La suya, es una historia de penurias y maltratos, un animal que vivió 50 años amarrado a unas cadenas sin saber lo que era dar un paso sin esas pulseras con pinchos hendidas en su piel. Era una atracción turística. Hasta que hace poco, la organización Wildlife SOS consiguió liberarlo. ¿Y sabes cuál fue la primera reacción de Rajú? Llorar. Los veterinarios no podían creerlo, el animal no dejaba de derramar una lágrima tras otra…

La triste historia de Rajú y su final feliz

Pero ¿son los animales capaces de llorar? Hasta el momento pensábamos que no, que las lagrimas eran solo una reacción humana, pero hemos de tenerlo en cuenta: los animales también tienen emocionestambién sufren, se entristecen, se alegran y saben qué es la felicidad o la soledad. Lo ocurrido con Rajú debería ponernos en aviso.

Cuando aún no era más que una cría, este elefante fue capturado por unos cazadores furtivos para ser posteriormente vendido. Su finalidad fue siempre la de servir de atracción turística, y para ello, ha pasado por más de 20 dueños diferentes a lo largo de 50 años. Y la forma más habitual para tener controlado a un elefante es siempre mediante cadenas. Cadenas con pinchos amarradas a sus patas para impedirles cualquier paso más allá de unos metros, un modo de dominio y de tortura con la que ha vivido este gran animal toda su vida. Además, obviamente, de los malos tratos y el abandono. Un terrible abandono.

Rajú comía básicamente lo que le ofrecían los turistas. Y si la temporada no era buena era habitual que el elefante se comiera las botellas de plástico que encontraba por el suelo. Ningún occidental se preocupó nunca en mirar a los ojos de este animal con el cual solían hacerse fotos. Su mirada triste y casi sin vida reflejaba una tristeza profunda que casi nadie comprendió. ¿Por qué se portaban así con él? se preguntaría a menudo. Afortunadamente no todo fue indiferencia. Hace un año, un componente de la organización Wildlife SOS se fijó en ese animal que deambulaba dando vueltas sobre sus propias cadenas. Sin apenas fuerzas y con los huesos sobresaliendo ya sobre su rugosa piel.

Rajú, el elefante que lloró al ser liberado

No tardó en denunciarlo, en ponerlo en aviso en el departamento forestal de Uttar Pradess. Aunque la reacción tardó casi un año en ser efectiva, casi doce meses en que los veterinarios temían que Rajú perdiera finalmente la vida si los trámites no se agilizaban. Y afortunadamente así ha sido, en este mes de julio los componentes de la Wildlife SOS llegaron hasta ese dueño que poseía a Rajú en tan tristes condiciones. Se interpuso la denuncia y la consecuente liberación del animal.

Al verlos, el elefante adivinó tal vez cuáles eran las intenciones de esas personas. Llevaban herramientas para soltar sus cadenas y material veterinario para atenderlo.Por primera vez en su vida, Rajú, intuyó algo que debía ser bueno, muy bueno. Al ver su presencia y sus caricias, sencillamente bajó la cabeza y empezó a llorar para sorpresa de biólogos y veterinarios. Fue un continuo fluir de lágrimas que les dejó admirados y emocionados. Nadie podía negar que el elefante estaba agradecido… Y emocionado.

Ahora mismo este precioso ejemplar, está recuperándose en el Centro de Conservación de Elefantes de Mathura, disfrutando de agua fresca, mangos, plátanos, pan, galletas… y por su puesto, de aquello que no tiene precio: su libertad.

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6 Comentarios

  1. Que bueno que hoy en día existan organizaciones que se dedican a salvar a los animales en estas circunstancias.Mis respetos y apoyo.

  2. Pobre raju que lindo que conoció la libertad todos los animales deberían disfrutar de ella, a mi me dan pena los elefantes que vi en un zoológico de bs as sus ojos tenían un aspecto muy triste

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