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Cuando hablamos de maravillas clásicas, nuestra mente está obligada a coger una pequeña máquina del tiempo para retroceder a esos años donde las imponentes arquitecturas se alzaban en honor a dioses ya olvidados, increíbles construcciones que desafiaban el horizonte con su belleza espectacular: pirámides, faros, templos, estatuas… maravillas consumidas por el tiempo y las batallas de antaño, arquitecturas erigidas en tiempos de los faraones, en esos años donde Grecia y Roma nos dejaron todos esos legados históricos y culturales que definen nuestra humanidad.

Hoy, de aquella herencia solo conservamos la Gran Pirámide, el resto yace entre el limo de los océanos o en cenizas que el viento se llevó hace mucho.

Pero ¿Quién estableció esta lista donde se incluyen escenarios que nunca hemos visto en persona hoy en día? La verdad es que disponemos de numerosos testimonios en textos clásicos, empezando por Heródoto y pasando por el clásico poema de Antípatro de Sidón, allá por el siglo 125 a. C, donde nos hablaba de las Siete maravillas del mundo.

Así pues, te invitamos a que las conozcas, a que tus sentidos y tu imaginación construyan para ti estas bellas creaciones del pasado, escenarios que el tiempo y el viento se llevaron de sus escenarios originales.

1. La Gran pirámide de Guiza:

Curiosamente es la más antigua de las Siete maravillas del mundo y la única que a un pervive en nuestro presente. El sol sigue arrancando a sus bloques de piedra los el magno brillo de antaño, esa magia contenida que nos legó el Keops, el faraón de la cuarta dinastía.

Es la más grande de las tres pirámides de Gizeh, a las a fueras del El Cairo, en Egipto, y aunque hoy la sigamos viendo igual de admirados, hemos de tener en cuenta que ese millón y medio de bloques de piedra estaban antes revestidos de caliza blanca, un efecto sobrecogedor que muy bien le hacía pensar a uno en ese mundo del más allá, en esos misterios inscritos en el firmamento en los que creían los egipcios. Desgraciadamente parte de esa cobertura blanca desapareció con un terremoto, y después, con la llegada de los Turcos Otomanos, la Gran Pirámide quedó como la conocemos ahora.

Piramide de Giza

2. Los Jardines Colgantes de Babilonia.

Fue Nabucodonosor II quien la mandó construir en el siglo VI a. C, en la mítica ciudad de Babilonia. Estaban situados muy cerca del río Eúfrates, y se alzaron en honor a su esposa Amytis, una muestra de amor a esa joven que había dejado su florida tierra de Mena por estar con él. Árboles espectaculares, las más bellas flores, plantas de las más diversas formas… todo un mundo natural encaramado a modo de escalones en una estructura alzada en medio de la llanura de Babilonia; no es que se tratara de un jardín “colgante”, la traducción era más bien “saliente”, una espectacular construcción que hoy en día los arqueólogos no saben si estaba realmente en Babilonia o en Nínibe. Desaparecieron en el año 126 a. C, a mano de los persas.

Jardines colgantes de babilonia

3. El Templo de Artemisa.

Éfeso, Turquía.  Un maravilloso templo que según textos antiguos se erigió en honor a la Diosa Artemisa (Diana, para los romanos), diosa de la caza, señora de las fieras y protectora de los animales salvajes. Se trataba de un templo espectacular construido con los más bellos mármoles, una obra que inició Creso de Lidia y que tardó 120 años en terminarse. Antípatro de Sidón decía de ella que era una de las Maravillas más bellas del mundo. Pero desgraciadamente fue destruido por un incendio en el año 356 a. C.

Templo Artemisa

4. La Estatua de Zeus en Olimpia.

Esculpida por uno de los artistas más famosos de la época Clásica, Fidias, fue un magno homenaje al Dios de todos los dioses y hombres, Zeus. Y de seguro que quedaría más que complacido, la esta escultura crisoelefantina del siglo 436 a. C, medía más de 12 metros, estaba creada únicamente en marfil y los detalles se terminaron con oro macizo.

El gran Zeus aparecía sentado y con el torso desnudo, llevando la clásica corona de olivos en la cabeza y un cetro terminado en águila en la mano izquierda. Se dice que el trono era algo realmente espectacular: marfil, ébano, piedras preciosas….

Fue destruida sobre el año 393, cuando el emperador Teodosio el Grande prohibió el culto pagano.

Estaua de Zeus

5. El Mausoleo de Halicarnaso.

Se trataba de una tumba, un monumento funerario construido en el 353 en Halicarnaso, la actual Turquía, en honor a Mausolo, un sátrapa del imperio persa. Se decía que era una auténtica maravilla arquitectónica, una maravilla artística inscrita en cada una de sus cuatro plantas y en sus relieves esculpidos por artistas de renombre. Se mantuvo en todo su esplendor a lo largo de casi 7 siglos, hasta que varios terremotos lo redujeron a polvo y escombros en el año 1404.

Templo de Halicarnoso

6. El Coloso de Rodas.

Su leyenda aún pervive con fuerza entre nosotros, se trataba de una estatua erigida al gran dios griego Helios, y realizada por un escultor de gran prestigio: Cares de Lindos.

La estatua, de 32 metros de altura (pongamos como referencia la Estatua de la Libertad, que mide 46), se levantó en la isla de Rodas (Grecia) y deslumbró a todo aquel que levantaba la vista para admirarla, de ahí que aparezca en textos antiguos e Plinio el Viejo, Polivio y Constantino VII,  su fortaleza parecía casi indestructible, pero desgraciadamente la naturaleza siempre tiene la última palabra, y un terremoto terminó con su dominio en el año 226 a. C.

Recordemos las palabras del propio Plinio el Viejo:

Después de 66 años un terremoto la postró, pero incluso yacente es un milagro. Su pulgar no se  puede abarcar con los brazos, sus dedos eran más grandes que la mayoría de las estatuas que tenían marfil. El vacío de sus miembros rotos se asemeja a grandes cavernas. En el interior se ven magnas rocas, con cuyo peso habían estabilizado su constitución. Doce años tardaron en terminarla y costó 300 talentos, que se consiguieron de las máquinas de guerra abandonadas por el rey Demetrio en el asedio de Rodas.

Coloso de Rodas

 7. El Faro de Alejandría.

Sí, aquí está. Seguramente cuando oyes hablar de las maravillas clásicas, piensas de inmediato en El Faro de Alejandría. Una fascinante torre construida en la  isla de Faro en Alejandría Egipto, cuya altura era algo espectacular para la época, casi 150 metros que Ptolomeo mandó levantar para marcar la navegación de los barcos, una estructura de  forma ortogonal y construida con bloques de mármol ensamblados con plomo fundido. Algo realmente precioso, sin contar con esa parte superior donde un gran espejo metálico reflejaba la luz del sol durante el día, para por las noches, proyectar la luminosidad de una gran hoguera a una distancia de casi cincuenta kilómetros.

De nuevo la madre naturaleza y sus terremotos, lo convirtieron en escombros entre 1303 y 1323, y cuyos restos, lejos de utilizarse para levantarlo de nuevo, se sirvieron en 1480 para construir una fuente que el Sultan de Egipto de Qaitbey, tuvo el capricho de tener. De esa maravilla clásica de los tiempos de Ptolomeo, no quedan más que los recuerdos y las leyendas de esas épocas en que los hombres levantaban arquitecturas fascinantes.

Faro de Alejandria

10 Comentarios

  1. […] Meroe o Meroë  era la capital de Kush o  Cus –como se menciona en la Biblia–, también conocido como Reino Meroítico, un reino que se desarrolló entre el 400 a.C. y el 300 d.C. Las ruinas de Meroe están a unos 200 kilómetros de Jartum (y a unos 1.000 de las famosas pirámides de El Cairo). […]

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