Mucho se ha hablado de los hombres piratas, pero ¿Qué hay de las mujeres? A lo largo de la historia ha habido cientos de mujeres piratas que han infundido temor allí por donde pasaban. Hoy, te contamos sus historias.

Artemisa, la reina corsaria

La famosa reina persa, Artemisa I de Halicarnaso, pasó a la historia por sus temibles actos de piratería contra los griegos.  El rey persa llegó a decir que era la mejor de sus capitanes. Artemisa empleaba estandartes griegos o persas en sus embarcaciones según sus intereses y fue una valiente guerrera.

Alvilda, la pirata vikinga

Aunque no se sabe bien si realmente existió, la leyenda dice que Alvilda era la princesa sueca más hermosa, motivo por el cual fue encerrada en lo alto de una torre custodiada por dos serpientes para que ningún pretendiente se le pudiera acercar.

Sin embargo, cuando por fin un joven príncipe danés, llamado Alf consiguió rescatarla, ella optó por fugarse para no tener que casarse con él, convirtiéndose en una pirata junto con su hermana.

mujer pirata

Primero, lideró un navío lleno de mujeres pero se encontró con unos piratas que se habían quedado sin capitán y que, ante sus habilidades, decidieron que Alvilda los dirigiera.

Se dedicó al abordaje de barcos y poblaciones costeras de Dinamarca hasta que fue capturada, disfrazada de hombre, por el mismo Alf al que había rechazado y, según algunas versiones, terminó casándose con él.

Juana de Belleville, la tigresa bretona

Juana de Belleville, más conocida como la tigresa bretona, fue una noble francesa que se transformó en corsaria para vengar la muerte de su marido, combatiendo contra el mismísimo Felipe VI, rey de Francia.

Una mujer pirata

Su marido había sido ejecutado por haber apoyado a uno de los enemigos del rey. Incluso, su cabeza fue enviada a Nantes y puesta sobre una pica a las afueras del castillo de Bouffay.

Jeanne, llena de ira, compró tres buques de guerra, los pintó de negro, tiñó sus velas de rojo y ondeó la característica bandera negra. Así, creó su propio ejército de piratas que luchaba contra los franceses y sus comerciantes.

Finalmente, los franceses capturaron su barco y aunque logró escapar con sus hijos, uno de ellos murió de hambre. Se refugió en Inglaterra y volvió a rehacer a su vida casándose de nuevo con un conde.

Grania O’Malley, la reina del mar de Connaught

Grania O Malley fue una pirata irlandesa que navegó las aguas de la costa oeste de Irlanda en el siglo XVI y se dedicaba a atacar sobre todo a los comerciantes ingleses.

Estableció un impuesto para todas las naves que atravesarán sus aguas, ya fuera en metálico o con parte de sus mercancías, y si se negaban eran atacados hasta su muerte.

Una de sus anécdotas más famosas, fue cuando se divorció de su segundo marido, gracias a que el sistema legal de Irlanda permitía divorciarse si se hacía durante el primer año de matrimonio. O’Malley se encerró con llave en el estratégico castillo de Rockfleet, para que su marido no pudiera entrar y se asomó desde lo alto de las escaleras para gritarle: “¡Estás despedido!”.

Además, Grania O’Malley llegó a reunirse con Isabel I de Inglaterra para pedirle la liberación de sus hijos, que habían sido capturados, aunque se negó a hacerle la reverencia porque no la reconocía como reina de Irlanda.

Anne Bonny y Mary Read, las piratas del Caribe

De la temible Anne Bonny ya hemos hablado en otro artículo de Supercurioso, pero su amiga Mary Read, era una pirata igual de feroz.

Mary Read se alistó en el ejército inglés haciéndose pasar por un hombre. No sé sabe muy bien cómo acabó convertida en pirata y en la tripulación del barco de Rackham, donde conoció a Anne, quien descubrió que era una mujer y no un hombre, como hacía creer al resto, y se hicieron amigas.

Mary Red enseñando un pecho para distraer a su enemigo.

Se cuenta, que en una ocasión discutió con uno de los piratas del barco, quien la retó a un duelo. Bajaron a tierra y cuando su rival iba a disparar, Mary se abrió la camisa para mostrarle sus pechos. El pirata quedó tan asombrado que fue incapaz de apretar el gatillo, lo que Mary aprovechó para darle un disparo en la cabeza. Así, su secreto quedó al descubierto para todos.

Tiempo después, toda la tripulación de Rackman fue capturada por el capitán Barnet, pero tanto Anne como Mary fueron sólo encarceladas por estar embarazadas, mientras que el resto de la tripulación fue ahorcada. Mary, murió víctima de unas fiebres antes de que pudiera dar a luz.

Ching Shih, de prostituta a reina de los mares

Ching Shih, la mujer pirata china más importante, fue vendida por sus padres cuando sólo tenía cinco años a un prostíbulo, hasta que Cheng I, un corsario chino, se enamoró de ella y se la llevó en su barco.

Ching Shih, la pirata china más importante

Sin embargo, Cheng I murió en combate y Ching consiguió convertirse en capitana después de que la tripulación no se decidiera por un sucesor. Más tarde, se enamoró de su hijo adoptivo, al que ya había convertido en su lugarteniente, y se casó con él,  fortaleciendo su liderazgo.

Uno de sus grandes logros fue establecer un código pirata con tres sencillas reglas: no se podía saquear a las aldeas que hubieran ayudado a los piratas, no estaba permitido robar los tesoros que conseguían y ningún miembro de la tripulación se podía acostar con las mujeres que fuesen capturadas o encontradas en las villas en contra de su voluntad o serían castigados con la muerte.

Aunque, algunos autores afirman que creó esta medida por sus ideales feministas, otros sostienen que el motivo fue más práctico ya que en aquella época la compraventa de personas era muy habitual, pero si la mercancía sufría algún deterioro se devaluaba.

Llegó a reunir 1.800 barcos de diversos tamaños, con más de 70.000 personas bajo sus órdenes, hasta que fue derrotada por O-po-tae, otro pirata, aliado con el gobierno, que se infiltró entre sus tropas hasta conseguir que se rindiera.

Mientras que su hijo adoptivo y esposo, Cheung Po Tsai, obtuvo un puesto como funcionario del gobierno, Ching Shih murió en 1844 dirigiendo un burdel y una casa de apuestas en la ciudad de Cantón.

Estas historias demuestran que hubo mujeres piratas igual de temibles (o más) que las grandes leyendas masculinas.

Imagen principal: José María Pérez Nuñez

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