¿Sabes lo que es el “síndrome de Estocolmo”?
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Sin duda habrás oído hablar de este síndrome, si eres asidua/o a películas de suspenso y acción. En muchas de ellas se habla de esta curiosa identificación de la víctima con sus captores, pero ¿sabes por qué se llama así o de qué profundidades psicológicas proviene? En Supercurioso te lo contamos.

Érase una vez, en Estocolmo…

Corría el año 1973 en la capital sueca, en pleno verano. El banco Kreditbanken, en el centro de la ciudad, protagonizó un atraco a mano armada que terminó en una situación de rehenes. El delincuente Jan Erik Olsson, presidiario que andaba de permiso, hirió a un oficial de la policía y dominó a otro, ambos enviados casi inmediatamente por la policía sueca.

El banco Kreditbanken, de Estocolmo, escenario del primer caso del síndrome de Estocolmo
El banco Kreditbanken, de Estocolmo, escenario del primer caso del síndrome de Estocolmo

Tal situación duró 6 días, en la que el secuestrador exigió 3 millones de coronas, un vehículo y dos armas, comenzando así las negociaciones. El gobierno sólo accedió a llevar a un amigo de Olsson, Clarck Olofsson.

Como el secuestrador amenazaba a los rehenes y ya había transcurrido demasiado tiempo, la policía decidió actuar. Afortunadamente no hubo ningún herido, pero para sorpresa de todos una de las rehenes, Kristin Ehnmark, se mostraba reacia a ser rescatada. Es más, se puso del lado de Olsson y mostraba miedo ante la actuación policial.

Ambos delincuentes fueron condenados, y Olsson salió luego de 10 años en prisión, totalmente rehabilitado y con una amplia lista de fans.

En el proceso judicial, todos los secuestrados estuvieron renuentes a testificar en contra de los secuestradores y cuando se les preguntaba por qué, explicaban que la policía les causaba terror, mucho más que los captores. Se sentían seguros con ellos.

Tras analizar tal comportamiento, el criminólogo Nils Bejerot llamó a ese tipo de identificación “síndrome de Estocolmo” para referirse a las situaciones de rehenes en las que éstos se “reconocen” en sus captores, aun a pesar del peligro en que los hayan puesto.

Otro caso emblemático

En 1974 se presentó otro caso, el secuestro de la nieta del magnate de la comunicación William Randolph Hearst, Patricia, por parte del Ejército de Liberación Simbionés (o Simbiótico), un grupo terrorista de extrema izquierda que operaba en San Francisco, EE.UU. La joven de 19 años nunca fue entregada, antes bien, Patty, como la conocían, se cambió el nombre a Tania, como el seudónimo de la famosa guerrillera compañera del Che Guevara, y meses después la verían armada con un fusil y unida al grupo.

Patty Hearst en compañía de dos correligionarios de la banda terrorista Ejército de Liberación Simbiótico
Patty Hearst en compañía de dos correligionarios de la banda terrorista Ejército de Liberación Simbiótico

Si bien este caso difiere del de Estocolmo en el que la identificación de la víctima con su captor fue automática (Patty fue encerrada durante meses en un armario, vejada sexualmente y adoctrinada), también se considera una modalidad de este síndrome.

¿Qué es el síndrome de Estocolmo?

Desde entonces los criminólogos, psicólogos forenses y otros científicos han tipificado el síndrome como una reacción psicológica en la que la víctima desarrolla una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con quien lo ha secuestrado.

Dentro de los estudios, se piensa que las personas más susceptibles de generar el síndrome son aquellas que han sufrido abusos, que han sido golpeadas o humilladas de forma reiterada durante su vida.

Este vínculo se desarrolla gracias a que el rehén malinterpreta la falta de violencia del secuestrador como una muestra de simpatía o un acto de humanidad hacia él/ella, y exhiben dos reacciones típicas: por un lado, sentimientos positivos hacia los secuestradores y por el otro, miedo e ira contra las autoridades policiales.

Como ambos, víctima y agresor, quieren salir ilesos del conflicto, se “asocian” y cooperan; además, la pérdida total de control de quien es secuestrado es muy difícil de manejar, por lo que justifica ante sí mismo su cooperación frente a la posibilidad de sobrevivir.

rehén

El poder lo tiene el secuestrador, quien se convierte en benefactor y por eso se desarrolla esta “relación” emocional donde el secuestrado al final agradece al autor del delito.

La psique humana nunca dejará de sorprendernos, ¿no crees?

Si te interesa el tema de estas profundidades psicológicas, entonces ve a nuestro artículo El síndrome de Asperger, que te dará una interesante y extraordinaria información.

Imágenes: Municipal Archives of TrondheimMichiyo , pedro veneroso, Miiko Mentz

3 Comentarios

  1. Por lo que dice este artículo las personas que ya han pasado por abusos , ya su conducta viene condicionada por tratos violentos o abusivos hacia su persona, y quizás lo confunden con que es “normal” quizás sea el mismo caso por ejemplo, en mujeres que viven años con un esposo maltratador, ellas sienten igual afecto y un gran apego y los protegen de las denuncias.

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