5 instrumentos de tortura escalofriantes
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Lamentable y ampliamente conocida es la capacidad humana de infligirle dolor al prójimo para sacar información, conseguir confesiones o por el simple placer de verlo sufrir. La política, la religión y la “seguridad nacional” han demandado sistemas de tortura refinadamente crueles para estos fines, así como para castigar a quienes transgreden leyes y no se arrepienten de ello.

Ya te hemos hablado de otras torturas horrendas, y de las famosas torturas chinas; hoy te traemos más instrumentos salidos de mentes retorcidas especializadas en causar daño.

5 instrumentos de tortura escalofriantes

1. El Tenedor del hereje

Como habrás adivinado por el nombre, este tenedor era utilizado para castigar la herejía, claro está, durante la Inquisición (española y protestante). Consiste en una barra de metal terminada en dos puntas afiladísimas, en ambos extremos, en forma de tenedor; se ataba con una correa alrededor del cuello, quedando la parte superior debajo de la barbilla y la inferior en el hueso del esternón, obligando así al “hereje” a mantener el cuello estirado y la cabeza erguida.

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Cualquier movimiento provocaba que ambas puntas se hundiesen en la carne, por lo que resultaba un instrumento perfecto para torturar, pues no causaba la muerte sino un espantoso sufrimiento físico.

Las víctimas, que podían apenas murmurar, solían morir de fatiga y falta de sueño pues les resultaba del todo imposible mover la cabeza. Y además con una pérdida mínima de sangre, lo cual aseguraba también la limpieza.

2. Látigo

Sí, nos suena muy familiar, sobre todo por las parafilias asociadas al sadomasoquismo. Ha acompañado a las torturas a lo largo de la historia y en distintas latitudes: Roma, durante la Guerra de Secesión Norteamericana y hasta hoy en día, en países islámicos y asiáticos.

Existen dos tipos de látigo: el “látigo vapuleo”, un palo flexible con mango, y el tradicional, que consistía en fibras largas hechas normalmente de cuero. También hay refinadas variaciones: látigos con cuero trenzado, el “gato con nueve colas”, o sea, de múltiples cuerdas, y muchas veces les agregaban al final de ellas metales y objetos afilados para infligir aún más daño.

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El látigo puede romper la barrera del sonido: al hacer el movimiento clásico de golpe, las cuerdas viajan a más de 1.234 km/h, lo que produce el típico chasquido, que no es más que una pequeña explosión sónica.

Este instrumento, verdaderamente terrorífico, era utilizado como castigo (aún lo es), y las huellas no podían ser más horribles: pérdida de ojos, trozos de carne arrancados, y pérdida significativa de sangre, lo suficiente como para que la víctima cayese en un estado de shock hipovolémico.

3. Garrote vil

Muy común en España y utilizado en este país por última vez en 1975. Era siniestro: te sentaban en una especie de asiento con la espalda apoyada en una barra de metal. Te ataban el cuello con una correa de cuero, unida a una manivela en la parte posterior.

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Al darle vuelta se iría aplastando lentamente el cuello, asfixiando a la persona hasta matarla. Hay variaciones que incluían una especie de cuchilla que penetraba en la columna vertebral a medida que la rueda giraba. La muerte era rápida y silenciosa. Así murieron muchas personas en España, entre ellas Marianita Pineda.

4. La “brida” de regaño

Este instrumento fue muy popular en Inglaterra y Escocia durante el siglo XVI para castigar a las mujeres que incurrieran reiteradamente en chismorreos y en maldiciones. También se utilizó como castigo a las brujas. Era una jaula de hierro que cubría la cabeza y que contenía una pequeña placa de acero que se insertaba en la boca de la mujer y, literalmente, “sometía” la lengua traicionera; la mayoría de estos pequeños artefactos crecían lentamente a medida que pasaba el tiempo, aproximadamente de media a una pulgada. Tenía picos pequeños y más grandes que traspasaban la lengua y hacían sangrar profusamente a las víctimas. Algunas de estas placas tenían una pequeña mordaza adicional en su extremo, de modo que también producían irritaciones en la garganta.

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Pero uno de los usos más terribles era la humillación pública, pues la jaula también tenía una correa por la que eran paseadas por las calles y todos vieran y supieran lo que había hecho. Muchas veces esto no era suficiente, y las mujeres eran apedreadas y golpeadas por el pueblo.

5. Manivela intestinal

La víctima era atada a una mesa donde se le hacía una incisión abdominal lo suficientemente grande como para que la mano del verdugo cupiese dentro. A continuación se separaba el intestino delgado del fondo del estómago y se encajaba a un gancho unido a una manivela.

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A medida que se hacía girar la manivela, el intestino iba saliendo centímetro a centímetro, y tanto la víctima como los otros presentes en la tortura podían ver las entrañas enrollarse alrededor del eje de la manivela.

Fue utilizado para sacar información de delincuentes, pero el proceso era tan doloroso que generalmente las personas morían de inmediato, entre espasmos dolorosísimos y una gran pérdida de sangre.

¿Qué te han parecido estos diabólicos instrumentos de tortura? Es impresionante la cantidad de artefactos hechos para producir el mayor daño en los demás. Lee también El toro de Falaris y La doncella de hierro.

Imágenes: radim77, Droidy, mallix, Jeronimo Tinoco, Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla, Glen Bowman, Thomas Quine, MorkiRo

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