Cuando las personas con fobia hacia la visión de sangre se encuentran con sus miedos (es decir, en la presencia de este fluido), es como si se anticipasen una lesión o a recibir un disparo: su ritmo cardíaco y su presión arterial caen, a veces tanto que se desmayan, pero ¿por qué? ¿Tiene alguna explicación lógica?

¿Por qué te desmayas al ver sangre, pero otras fobias te ponen en alerta?

Cuando te enfrentas a un miedo, tu cuerpo tiende a pasar a la acción, enviando señales que hacen que tu corazón se acelera y tu presión arterial aumente de un modo brutal e instantáneo. Este proceso se da cuando se experimenta cualquier fobia, con todas ellas, sea a volar, a las alturas, a los payasos… El cuerpo se activa al 100% con todas, menos con una: la que involucra la sangre.  

Veámoslo con más detenimiento. Cuando una persona experimenta un miedo irracional tan exacerbado, que se desencadena lo que se conoce como reacción fóbica. ¿En qué consiste? El cerebro traslada esta reacción fóbica directamente al sistema nervioso simpático, se produce un aumento de la frecuencia cardíaca y, como te decíamos, la presión arterial sube tremendamente. Además, también se exacerba la sudoración, temblamos y se tensan los músculos. Todo ello como fruto de una voluntad de supervivencia del cerebro que interpreta que está siendo seriamente amenazado y alerta y prepara al cuerpo.

En cambio, piensa en la fobia a la sangre. ¡No existe esta situación de alerta, todo lo contrario! Este tipo de reacción se llama respuesta vasovagal y se desencadena a partir del nervio vago, parte del sistema nervioso parasimpático. Este nervio vago de algún modo «enloquece» y provoca una caída de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial, provocando mareos, sudoración, desmayos y lo que conoce como visión de túnel.

Es extraño, ¿verdad? Si con una fobia el cerebro interpreta que está siendo amenazado, debería enviar siempre señales de alerta que aumentasen la frecuencia cardíaca y preparase el cuerpo para la defensa, no disminuirla y volverlo vulnerable. ¿No te parece? ¿Por qué provocar esta «fragilidad» en quien padece fobia a la sangre?

No hay una respuesta clara, aunque son muchos los expertos que han sugerido que  desmayarse ante la visión de la sangre es un vestigio evolutivo del instinto de hacerse el muerto en presencia de un peligro. Por otro lado, también hay quienes se inclinan por un origen evolutivo diferente: si nuestros antepasados ​​fueron herido -ya fuera por otro humano o por un depredador-, una caída en la presión arterial habría ayudado a mantener la pérdida de sangre al mínimo y asegurar su supervivencia futura.

A pesar de la incertidumbre del origen evolutivo, una cosa está bastante clara: la fobia a la sangre es probablemente genética. Más del 60% de los enfermos tienen un pariente de primer grado con la fobia, y los estudios han demostrado que los gemelos idénticos son más propensos a compartir la fobia que los gemelos fraternos.

Este no es un fenómeno oscuro: la fobia a la sangre afecta a sobre un 3%-4% por ciento de la población general. Afortunadamente, la ciencia nos explica que esta fobia puede curarse: un estudio de 1991 mostró que después de cinco sesiones de estar expuestos a su fobia, hasta el 90% de los sujetos dejaron de experimentar la mayoría de sus síntomas.

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Imagen: (c) Can Stock Photo / wittybear , Renato Campana y jar [o] vía Flickr

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